AC/DC: “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”

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Cuando tenía 16 años aún no existía Internet y el vinilo estaba siendo devorado por el compact disc. Yo no trabajaba, ni mis amigos, así que cuando alguno de nosotros compraba un CD el resto lo grabábamos en una cassette que acababa literalmente quemada de tanto escucharla. Seguro que la mayoría de vosotros tenéis un disco que os trae “recuerdos del pelo largo”, como dijo Pepe Risi. El mío es cualquiera de AC/DC, pero especialmente este “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”.

Os hablo del tercer álbum de AC/DC en Australia (en Estados Unidos y el resto de países saldría cinco años más tarde, cuando la banda vendía millones de su “Back In Black”). Reconozco que a la primera escucha me dejó indiferente, quizás porque la mayoría de sus temas no tienen esos riffs tan pegadizos que los hermanos Young siempre crean. Pero sin duda aquí tenemos uno de los trabajos más rockeros de la banda y con algunas de las mejores letras de Bon Scott. Canciones grabadas con un sonido áspero, casi tan crudo como el de “Let There Be Rock” y similar al de “Powerage”. El himno que da título al disco aún forma parte del repertorio de la banda en directo, con unos coros gamberros a los que te acabas uniendo cada vez que lo escuchas. “Problem Child” es una muestra de la chulería de su carismático primer cantante mientras que “Big Balls” lo es de su sentido del humor. Incluso en “Ain’t No Fun” se permiten quejarse de lo poco divertido que es esperar a hacerse millonarios (¡lo lograron Bon!).

Pero además “Dirty Deeds…” contiene “Jailbreak”, una joya que sólo aparecería en la versión australiana del álbum (sigo sin entender por qué) hasta la edición, casi diez años después, de un EP (estrategias para explotar el filón AC/D-Bon Scott, convertido el último en leyenda después de su muerte, así de injusto es el negocio del Rock And Roll). Y no me olvido de “Ride On”, que sigue poniéndome la piel de gallina tanto por su mensaje (por muy mal que estemos hay que mirar hacia delante) como por quien nos lo canta.

Eran y son muy grandes. Después seguirían regalándonos obras maestras, antes y después de la tragedia (Scott nos dejó en 1980). Y es que ya nos lo advertían: “ellos tienen las pelotas más grandes”.

                                                                              FELIX FRANCO

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