METALLICA: “Metallica”

metallica black album

Hablar de Metallica es hablar de la banda que conmocionó los cimientos del Heavy Metal. Su aportación a este estilo de música es sublime, es una oda al buen hacer y las grandes ideas. No existe un grupo musical que con un estilo tan agresivo haya barrido en los charts de música de todo el mundo y que haya calado tan hondo en las almas hasta entonces adormecidas de la concurrencia.

Metallica, como grupo, es la unión de cuatro personas (los Jinetes de Negro, como se les ha venido a llamar) que han aportado a la música lo que los grandes inventores a la humanidad. Han transmitido su fuerza, su tesón y su valentía al crear melodías que rozan la calificación de himnos. Estos cuatro jinetes se convirtieron en el estandarte de una generación de jóvenes con grandes ansias de conocer nuevas músicas, potentes canciones que contaban historias reales con un halo de misticismo. La historia de estos “monstruos” de la música ha estado siempre rodeada de controversias. Desde sus primeros inicios siempre se les comparó con bandas que, musicalmente hablando, no se acercaban en gran medida a su estilo. Supuso tal el cambio en las formas que su música no podía calificarse. Muchas voces surgieron proclamando que Metallica se trataba de un grupo punk muy acelerado. Vanas palabras que con el tiempo tuvieron que tragarse y aceptar la evidencia de que un nuevo estilo había nacido: el Thrash Metal.

El estilo musical de Metallica siempre se había mantenido impertérrito hasta que, un buen día, decidieron que un soplo de aire fresco les vendría bien. Se involucraron en un nuevo hacer, en sonidos acordes con los tiempos. De esta manera surgió el álbum definitivo de Metallica, el álbum que les encumbró a la fama, el que vino a denominarse “Black Album” por todos los fans. Este álbum homónimo de la banda fue su mejor embajador de naciones durante largo tiempo, no en vano les llevó a recorrer varios continentes de la geografía mundial, aportándoles fama y, sobre todo, royalties.

No era para menos, una banda de la talla de Metallica no se embarcaría en un tour de dos años y medio si los beneficios y la confluencia de público no fueran muy excelsos. Todo estaba medido hasta el último resquicio, lo tenían todo, imagen, actitud y, sobre todo, buenas canciones, aquellas por las que no pasa el tiempo y siguen tan frescas como el primer día.

Todos los elementos que desembocaban en este álbum homónimo del año 91 estaban adaptados a los nuevos sonidos que el metal requería. Un sonido rudo y potente, pero a la vez no falto de baladas y medios tiempos que hacían poner la carne de gallina al más pintado. Todo este barullo musical contrastaba con los también nuevos sonidos llegados de Seattle, la cuna del Grunge. Durante los cuatro o cinco años siguientes, este estilo creado por Nirvana y Pearl Jam estuvo en pugna y estableció una dura competencia con aquellas bandas que facturaban un metal contundente. Los gustos cambiaban y todo el mundo parecía encandilado por Kurt Cobain y sus compañeros de fatigas.

Esto no fue ningún revulsivo para Metallica y otros grupos coetáneos (Guns & Roses por entonces hacían vibrar de forma desmedida a su público), pues surgió una gran legión de fans por todo el mundo deseando oír como se desgranaban cada una de las doce canciones de su obra maestra en los conciertos. La semilla ya estaba echada, así como la suerte, si esta última y homónima obra obtenía los favores del gran público tenían mucho camino recorrido. Este álbum se convirtió en una apuesta muy arriesgada, ya no existía ese modo de tocar colérico y desmedido, ahora se daba paso a la rabia contenida. No por ello las canciones habían bajado en calidad, ni mucho menos, ahora los acordes y riffs de guitarra sonaban mas atractivos y elaborados. Bastaba con escuchar los solos de la guitarra de Kirk Hammet para darnos cuenta del grandioso potencial de la banda.

Canciones como “Sad But True” o “The Unforgiven” se convirtieron en dignas sucesoras del repertorio de este grupo de “jinetes” del Apocalipsis. Rápidamente las ventas del nuevo trabajo discográfico subieron como la espuma, haciendo que Metallica se convirtiera en la banda más importante de Heavy Metal del momento. Así mismo este nuevo disco les llevó a ganar tres premios Grammy, uno de ellos a la mejor canción de Heavy Metal; el galardón fue destinado a “Enter Sandman” (su hit single del momento).

El nuevo material poseía joyas muy valiosas, pero los seguidores de toda la vida encontraban a sus ídolos un tanto descafeinados. Los temas de último cuño no eran todo lo potentes que cabria esperar. Su anterior obra, “…And Justice For All” supuso un cañonazo con durísimos trallazos sonoros y esta nueva entrega no cubrió las expectativas de la mayoría. Para muchos, Metallica se había vendido a fórmulas más comerciales.

Todos los temas de esta etapa de la década de los 90 son un compendio de arrolladora sonoridad con mezcla de pasajes relajados y de corte baladesco. Sin embargo no hace falta más que escuchar la última pista de este singular disco, “The Struggle Within”, para afirmar sin vacilación que supone un muro de destellos Thrash en todo su esplendor. Tan sólo este tema debería haber bastado para bajar los humos de los encolerizados fans. No en vano, la portada de esta obra cumbre del Rock es totalmente negra y contrasta con el contenido del trabajo. El grupo quiso dar un tono anticomercial a este larga duración.

Conjeturas sobre su supuesta comercialidad aparte, debemos hablar de la absoluta calidad y de la aportación sumamente importante a la música que supone este redondo. Por méritos propios merece la calificación de clásico absoluto, y no sólo por sus magníficas canciones, sino por lo arriesgado de su apuesta. Tan sólo ellos y sus todopoderosas mentes habían creado lo que para muchos significa la consagración de una banda y el máximo exponente del Thrash Metal.

Formaciones como Judas Priest o Anthrax también compartían parte del pastel por entonces, pero no del mismo modo. Mientras Metallica se encontraba en el Olimpo de los dioses, los demás no podían aspirar más que a querubines divinos.

El “Black Album” supuso el lanzamiento más ambicioso de Metallica y se convirtió, a su vez, en la nueva Biblia del Metal y en el nuevo canon por el que regirse en grabaciones posteriores. Se convirtió en un trabajo alabado y, en menor medida, vilipendiado por las lenguas viperinas que siempre desmerecen la labor ajena. La leyenda de los Cuatro Jinetes se veía acrecentada y el trono se mantendría intacto durante largo periodo. El los últimos tiempos las polémicas han aumentado por diversos motivos, pero eso es otra historia.

 Sebastián Tito Rodríguez

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EXTREMODURO: “Deltoya”

Deltoya

Son las cinco de la madrugada. No puedo dormir. He pasado ocho años sin verla, cuatro de ellos sin ser capaz de escuchar a Extremoduro. Ella ha aparecido de nuevo en mi vida… y creo que voy a aprovechar el insomnio para hablaros de “Deltoya”.

En 1992 Roberto Iniesta está pasando por un momento delicado, ha dejado su tierra y su familia y se instala en Madrid, donde graba su tercer disco, una obra llena de desamor, repleto de canciones que reflejan los sentimientos de Robe. Algunas tratan temas como el ecologismo (“Última Generación”), las drogas (“Papel Secante”) o sirven para protestar (la genial “Estado Policial”). Pero el resto de ellas tratan el mismo tema: la tristeza y el dolor que provocan una relación que ha llegado a su fin.

Las letras del “rey de Extremadura” son simplemente geniales. En “Sol De Invierno” describe cómo se puede sentir uno con o sin la persona amada (“por el día me siento acorralado, por la noche en sus brazos se me olvida”). “Lucha Contigo” es un lamento producido por la soledad del abandonado (“¿Qué te pasa, qué te duele? Que a mi lado ya no vienes”) y “Con Un Latido Del Reloj” muestra los reproches que podemos lanzar a la otra persona al sentirnos tan mal (“ya se qué quieres, ya se qué intentas, tenerme todo el día metido en tu despensa”) aunque al final reconozcamos lo que realmente nos ocurre (“como un reloj te tengo en la cabeza a todas horas”).

Sin duda las obras maestras de esta colección de joyas son “Deltoya” y “Ama, Ama, Ama Y Ensancha El Alma”. Ambas son pura poesía, la primera contiene versos de Kiko Luna Creciente y la segunda es un poema completo de Manolillo Chinato. No imagino un concierto de la banda en que no las interpreten, son ya himnos del Rock de nuestro país.

Extremoduro contó en la grabación con colaboraciones de lujo: Salvador Domínguez (de los míticos Banzai) y Ariel Rot (Tequila, Los Rodríguez). Pero aunque musicalmente todos los temas son redondos el resultado final es un álbum estupendo pero con un sonido poco definido, falto de más dedicación y horas de producción. Eso sí, creo que todos los seguidores de Extremo preferirán siempre las primeras grabaciones del grupo frente a las aparecidas en su “Grandes Éxitos Y Fracasos”, demasiado perfectas para los que estábamos acostumbrados al anterior sonido más crudo y sucio.

… Dentro de unos minutos amanecerá. No he dejado de pensar en ella en toda la noche. Su calor era como el sol. Robe encontró las palabras que yo nunca seré capaz de decir. ¡Qué grande es!

A tu salud, compañera.

FELIX FRANCO

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AC/DC: “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”

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Cuando tenía 16 años aún no existía Internet y el vinilo estaba siendo devorado por el compact disc. Yo no trabajaba, ni mis amigos, así que cuando alguno de nosotros compraba un CD el resto lo grabábamos en una cassette que acababa literalmente quemada de tanto escucharla. Seguro que la mayoría de vosotros tenéis un disco que os trae “recuerdos del pelo largo”, como dijo Pepe Risi. El mío es cualquiera de AC/DC, pero especialmente este “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”.

Os hablo del tercer álbum de AC/DC en Australia (en Estados Unidos y el resto de países saldría cinco años más tarde, cuando la banda vendía millones de su “Back In Black”). Reconozco que a la primera escucha me dejó indiferente, quizás porque la mayoría de sus temas no tienen esos riffs tan pegadizos que los hermanos Young siempre crean. Pero sin duda aquí tenemos uno de los trabajos más rockeros de la banda y con algunas de las mejores letras de Bon Scott. Canciones grabadas con un sonido áspero, casi tan crudo como el de “Let There Be Rock” y similar al de “Powerage”. El himno que da título al disco aún forma parte del repertorio de la banda en directo, con unos coros gamberros a los que te acabas uniendo cada vez que lo escuchas. “Problem Child” es una muestra de la chulería de su carismático primer cantante mientras que “Big Balls” lo es de su sentido del humor. Incluso en “Ain’t No Fun” se permiten quejarse de lo poco divertido que es esperar a hacerse millonarios (¡lo lograron Bon!).

Pero además “Dirty Deeds…” contiene “Jailbreak”, una joya que sólo aparecería en la versión australiana del álbum (sigo sin entender por qué) hasta la edición, casi diez años después, de un EP (estrategias para explotar el filón AC/D-Bon Scott, convertido el último en leyenda después de su muerte, así de injusto es el negocio del Rock And Roll). Y no me olvido de “Ride On”, que sigue poniéndome la piel de gallina tanto por su mensaje (por muy mal que estemos hay que mirar hacia delante) como por quien nos lo canta.

Eran y son muy grandes. Después seguirían regalándonos obras maestras, antes y después de la tragedia (Scott nos dejó en 1980). Y es que ya nos lo advertían: “ellos tienen las pelotas más grandes”.

                                                                              FELIX FRANCO

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SINIESTRO TOTAL: “Policlínico Miserable”

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La vida del estudiante universitario es dura, muy dura. No sólo por las horribles noches anteriores a los exámenes, dedicándose a memorizar los apuntes de un compañero empollón. No, hay cosas aún peores. El estudiante universitario se levanta cada día con el firme propósito de ir a todas las clases y vencer a la Tentación, esa belleza del infierno que no le deja seguir el camino correcto del saber y del conocimiento, sino que lo empuja a probar el vicio de las partidas de mus, el sabor de los besos lascivos sobre un césped, la calidez de la bebida y el animado veneno de otras sustancias perturbadoras de su mente normalmente racional. Esa atractiva bruja incluso le lleva a visitar sitios terriblemente peligrosos, lugares a los que uno vuelve repetidamente cuando ha sentido en sus propias carnes el placer que allí se le ofrece por una cierta cantidad de dinero. Porque, vamos a pensarlo detenidamente, ¿hay algo más difícil que conseguir no entrar en una tienda de discos a escasos metros de tu facultad? Por favor, seamos serios, aceptemos la realidad: la vida del estudiante universitario es un calvario, una penitencia, una constante prueba de su control sobre sí mismo.

Yo no superé dicha prueba. Jamás vencí a la maldita Tentación (es una chica demasiado sexy). A cinco minutos del campus tenía ese sitio pequeñito y acogedor, con sus cassettes, vinilos, CDs… ‘¡Que le den a la Termodinámica!’ pensaba yo. En una de mis muchas tardes ahí metido me enamoré de un compacto con una portada de comic. Era de Siniestro Total. Yo entonces estaba pilladísimo por el “Ante toda mucha calma”, así que no dudé en agenciarme, por unas míseras 600 pesetas, el “Policlínico miserable”.

Porque ese era el disco que acababa de encontrar, definido por Julián Hernández (el miembro fundador del mítico grupo) como “extraño y cabrón”. Y lo es, por eso siempre me ha gustado. Lo primero que llamó mi atención al escucharlo fue no encontrar la voz habitual de sus himnos (“Bailaré sobre tu tumba”, “Miña terra galega” y un millón más). Era el comienzo de una nueva etapa para los gallegos, ya no estaba Miguel Costas, el cantante principal hasta entonces, y el resto de la banda endureció su música. Yo aluciné con las guitarras, el bajo, la batería… porque todo sonaba con mala hostia, con mucha caña. Y además me encantaban las letras de todas las canciones. En la primera Julián no paraba de hacerse esas preguntas que a mí también me atormentaban (“¿soporta el difunto el olor que desprende?”). “España se droga” me recordaba que yo era uno de los muchos jóvenes que estaban echando a perder su vida (pero presten atención, “no me inyecto hachís ni bebo caballo”, ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario). En el “Zombie Paco” describía a esa parte de la sociedad anclada en “Cine de barrio”, mientras que en “Jóvenes, vírgenes y castos” me retrataba a mí, ¡ay!. También aprendí que “Sólo los estúpidos tienen la conciencia tranquila”. En “Respeten nuestro dolor” se burlaba del famoseo que lloraba sus penas en los medios de comunicación. Y, entrando en lo musical, el álbum tenía toques de funky, sonidos pantanosos (“Doctor Juan”) y blues (“Volanteiro cabrón”), por algo estaba grabado en Memphis (al igual que la anterior entrega discográfica “Made in Japan”).

A partir de entonces me volví un fan absoluto de los Siniestro, tanto que llegué a perder mi pelo y llevar gafas de pasta como su líder (eso sí, nunca fui una grupie, ¡mecachis!). Han seguido grabando y no me han defraudado nunca pero este “Policlínico…”, aunque no suele valorarse como lo mejor que tienen, para mí sigue siendo demoledor.

¡Ah!, se me olvidaba. Abandoné la carrera al año siguiente de encontrar la pequeña tienda de discos, la cual dejaría de existir algunos más tarde. ¿Se encuentra aquí la moraleja del cuento? ¿Sí? ¿No? Depende.

 

Félix Franco

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ALICE IN CHAINS: “Jar Of Flies”

 

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Alice in Chains se erigió como uno de los grupos de la nueva ola de música alternativa de los 90´s. Sus canciones de tono melancólico y decadente supieron atrapar a un gran número de adolescentes (y no tan adolescentes) de aquella época. Sin embargo esta banda también tuvo un gran número de detractores, entre ellos los que pensaban que no era una combo netamente Heavy. Su música era interpretada de muchas formas diferentes, pero nunca se llegaba a definir o ubicar su gran dosis de talento convertido en canciones.

Siempre etiquetada de mil maneras, pero también fiel a un estilo y a una filosofía de vida bastante marcada. La música que creaba Alice In Chains poseía un claro carácter emotivo, a veces depresivo, pero siempre bastante embaucador. Fueron muchas las comparaciones que tuvo que soportar el grupo, no había ni una sola publicación especializada que no les confrontase con formaciones como Nirvana, Pearl Jam o Soundgarden. El cuarteto “grunge” se destacaba del resto de agrupaciones por haber creado una escena nueva y muy anclada en unos parámetros similares.

A este disco le precedieron algunos otros como el afamado “Dirt” (1992), una pieza clave en la discografía de Alice, por otra parte su disco más famoso y elaborado de su carrera. Para aquel entonces (ya metidos en pleno 1994) la carrera del grupo iba en ascenso y las composiciones conseguían un nivel superior. En este EP, “Jar Of Flies”, compuesto de siete canciones, el sonido se vuelve lento y pausado, conteniendo en el mismo canciones de carácter acústico. Aquí se observa como la banda realiza un trabajo que conlleva refinamiento, en parte conseguido por los fragmentos orquestados y guitarras sin acelerador de por medio.

En temas como “Rotten Apple” o “No Excuses” se observa un lirismo fuera de lo común, con unas melodías muy en la onda de anteriores discos, pero con un ambiente decadente y delicado a la vez.

“Nutshell” atesora una de las mejores armonías de todo el EP, consiguiendo que se nos empape el alma del suave susurro que emana este tema. Con unas letras muy tristes y desesperanzadoras, pero al mismo tiempo muy bellas. En esta canción se nos muestra lo dura que puede ser la vida si no conseguimos el reconocimiento y respeto de los demás.

En “I Stay Away” se observa mejor la faceta Alice In Chains, porque se presta a los coros que ha hecho famosa a esta formación. De formas lentas y de prestancia triste por sus letras sobre abandonar el lugar donde vives para encontrar algo mejor.

El tema “Whale & Wasp” bien podría pertenecer a la banda sonora de una película de terror en su comienzo, por su aire de misterio y de intriga. Es uno de esos momentos en los que la música te encandila por la atmósfera tan inquietante que se crea.

Los últimos temas bien podrían enclavarse dentro del country o algo anejo, ya que conservan un espíritu del Lejano Oeste muy patente. En “Swing On This”, podemos ver como se incide en el Blues de forma muy original, dejando entrever que la banda siempre apostó por la originalidad de su propuesta.

Sebastián Tito Rodríguez

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